ALBERTUCHO > Alegría

Albertucho vuelve con nuevo trabajo, ‘Alegría’ (Bliss-Records). Está compuesto por 11 temas (más un bonus track en la edición de iTunes). El mismo Alberto Romero, junto a Pablo Salinas, se ha encargado de la producción. Las mezclas y la masterización también han corrido a cargo de Salinas. Albertucho, a lo largo de sus cuatro trabajos, ha demostrado que no tiene límites, no hay un sonido que lo encasille, y su nuevo disco discurre por esa línea. En este caso, la vuelta de tuerca viene de la mano de sonidos folk y country, banjos, ukeleles y dobros mediante.

 

El cantante de Sevilla se muestra claro, y abre el disco con el tema homónimo. ‘Alegría’ es una canción, valga la redundancia, alegre y feliz; es la carta de presentación así como la pauta por la que transitará todo el LP. Albertucho está contento, le gusta lo que hace y qué mejor forma de demostrarlo que cantarlo en un disco. Le sigue ‘Muertecito estoy de ganas’, uno de los singles que el público pudo escuchar (y ver, ya que tuvo videoclip) antes de que el disco saliera a la calle. Sonidos sureños serán el telón de fondo para una lírica cuidada en la que el cantante expresa las incoherencias que pueblan en su cabeza. Silbidos y un banjo para seguir indagando en lo que la cabeza piensa es lo que muestra ‘Deja de mandar’, en el corte tercero, una canción en la que el corazón se transforma en un escollo para el único fin planteado en el disco, la alegría. Albertucho es un cantante que no sólo repara en las masas, sino también en los que están un tanto al margen, aquellos que no se dejan llevar o que ni siquiera son concientes de toda la morralla que hay alrededor. Por ello, ‘Tiene que haber de to’ representa otros universos a ritmo de percusión e idiófonos. En ese afán de volar hacia otros mundos cobra esencia la onírica ‘Vida sin reloj’, un nostálgico tema en el que destacan las escobillas de la batería, los solos de guitarra y los coros del estribillo. Mucho más introspectivo se vuelve con ‘La gravedad de la teoría’. Casi antisistema, se podría decir, ya que critica a aquellos que gustan del dinero y sólo responden a lo establecido: “inconscientes de la pérdida de sueños”. Western y rock ‘n’ roll para ‘Somos pájaros’, un canto canalla a su tierra y a la idiosincrasia de Albertucho, “pájaro” donde los haya. Partiendo también de lo que rodea al sevillano suena ‘Mi compadre’, ukeleles y riffs que de buen seguro harán bailar al más pintado. Asimismo, una velada narración de los deseos de felicidad –la “sed de corazón”- ante la adversidad. A tres cuartos de disco se encuentra ‘No tener nada’, quizá la única canción que retrotrae al Albertucho de ‘Lunas de mala lengua’ o ‘Amasijos de porrazos’: un leve pero intenso in crescendo desgajado, urbano e incluso suburbial que trasciende al disco, una canción que muestra la profundidad que alberga Alberto Romero cuando su alter ego duerme. El siguiente corte recupera esa cámara que posa su objetivo en los márgenes de la vida, y habla de un tipo de superhéroe, el que sólo sabe de música, humano a la vez que inhumano. El disco cierra con ‘Él no murió’, un homenaje a un toro que fue indultado en Galicia (en la red puede encontrarse fácilmente el improvisado videoclip, si puede llamársele así). Como bonus track tenemos ‘Vengo a registrarte el corazón’, notable tema con sección de vientos en el que los sonidos sureños de las guitarras y los coros (“¡hu, ha!”) entonan un ritmo de galope.

 

El resultado de ‘Alegría’ es un animado ejercicio de optimismo apartándose no sólo de sus tres primeros trabajos, de corte más rockero, sino también de ‘Palabras del capitán cobarde’, introspectivo y ligeramente situado en el limbo creativo. No es un trabajo malo, ya que Albertucho tiene solvencia más que demostrada, pero cabe reconocer que sus anteriores discos rascan lo suficiente como para dejar huella más allá de la superficie.

 

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